Análisis a nivel local

 En el contexto urbano de Bogotá, la pérdida de nutrientes de los suelos se configura como una problemática socioambiental compleja que requiere ser analizada desde un enfoque integral e interdisciplinar. Tal como lo plantean (Reyna Cruz, E., & L. & Armijo Mena, 2019) los problemas sociales y ambientales no pueden comprenderse desde una sola disciplina, ya que, son el resultado de la interacción entre factores históricos, sociales, económicos, culturales y ambientales. En este sentido, la degradación del suelo en la ciudad no constituye únicamente un fenómeno ecológico, sino también una expresión de dinámicas sociales propias del territorio urbano.

Bogotá ha experimentado un acelerado proceso de urbanización que ha transformado de manera significativa el uso del suelo. La expansión de infraestructuras, la reducción de áreas verdes y la impermeabilización del terreno han contribuido a la disminución de la fertilidad del suelo urbano. Esta situación se evidencia en espacios institucionales como jardines infantiles, colegios y parques, donde los suelos presentan compactación, bajos niveles de materia orgánica y escasa biodiversidad, lo que dificulta la implementación de prácticas de siembra y procesos de recuperación ambiental.


Desde la perspectiva de la Ruta de Innovación Social propuesta por (Pacheco Duarte & al, 2022),esta problemática puede ser comprendida como una necesidad social insatisfecha que afecta directamente a la comunidad educativa. La pérdida de nutrientes del suelo no solo limita la producción de alimentos, sino que también reduce las oportunidades pedagógicas para que niños y niñas desarrollen aprendizajes significativos relacionados con el cuidado del ambiente, la sostenibilidad y la responsabilidad social. En este marco, el territorio se convierte en un escenario fundamental para identificar los desafíos locales y proponer respuestas contextualizadas.

Uno de los principales hallazgos a nivel local es la desconexión existente entre la población infantil y los procesos naturales asociados al suelo. En muchos jardines infantiles de Bogotá, los niños y niñas no reconocen la tierra como un elemento vivo, sino como un espacio ajeno o limitado al juego. Esta situación se relaciona con dinámicas urbanas que priorizan el consumo inmediato y la producción externa de alimentos, lo que refuerza el desconocimiento sobre su origen y sobre la importancia del suelo como base para la vida.

Desde un enfoque interdisciplinar, esta problemática involucra dimensiones educativas, sociales y ambientales. (Reyna Cruz, E., & L. & Armijo Mena, 2019) destacan que el abordaje de los problemas sociales exige la integración de distintos saberes para comprender su complejidad. En el caso de Bogotá, la pérdida de nutrientes del suelo se articula con prácticas culturales poco sostenibles, modelos económicos urbanos y una educación ambiental fragmentada en la primera infancia, lo que limita la formación de una conciencia ecológica temprana.

Asimismo, se evidencia que en el contexto local existe una baja apropiación de prácticas como el compostaje y el aprovechamiento de residuos orgánicos, tanto en los hogares como en las instituciones educativas. Esta situación contribuye a la degradación del suelo y representa una oportunidad desaprovechada para la recuperación de nutrientes mediante estrategias sencillas y pedagógicas. Desde la Ruta de Innovación Social, este aspecto puede ser identificado como un punto de intervención donde la comunidad educativa puede asumir un rol activo en la transformación de su entorno (Pacheco Duarte & al, 2022).

Otro hallazgo relevante es la desigualdad territorial presente en Bogotá. En algunas localidades, especialmente aquellas con menor acceso a espacios verdes, los niños y niñas cuentan con menos oportunidades para interactuar con la naturaleza y participar en experiencias de siembra. Esta brecha ambiental impacta directamente en la formación de valores relacionados con el cuidado del entorno y la corresponsabilidad social. Tal como señalan (Pacheco Duarte & al, 2022), las innovaciones sociales deben partir del reconocimiento de estas desigualdades para generar soluciones inclusivas y sostenibles.

En este escenario, la implementación de una huerta escolar en un jardín infantil de Bogotá se configura como una estrategia de innovación social educativa. La huerta permite recuperar progresivamente los nutrientes del suelo mediante el uso de abonos orgánicos y prácticas sostenibles, al tiempo que promueve aprendizajes vivenciales en la primera infancia. Esta acción responde a soluciones construidas desde el territorio, con participación activa de la comunidad y orientación al bienestar colectivo.

Finalmente, el análisis a nivel local evidencia que la pérdida de nutrientes del suelo en Bogotá no puede ser abordada de manera aislada. Se trata de una problemática que exige una lectura crítica del contexto, la articulación de saberes y la implementación de estrategias pedagógicas con sentido social. Desde la educación inicial, proyectos como la huerta escolar permiten no solo intervenir el suelo físico, sino también transformar las relaciones de los niños y niñas con su entorno, fortaleciendo una conciencia ambiental temprana y una responsabilidad social que impacta positivamente a la comunidad.

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