Soluciones
Frente a la problemática de la pérdida de nutrientes del suelo en contextos urbanos como Bogotá, el proyecto Huerta con Corazón asumió el reto de trabajar en un terreno que requería condiciones adecuadas para garantizar un cultivo saludable. En este sentido, una de las acciones fundamentales fue el mejoramiento previo del sustrato mediante la incorporación de tierra abonada y materiales orgánicos preparados, con el fin de fortalecer su composición y recuperar nutrientes esenciales.
Este proceso permitió enriquecer el suelo, mejorar su textura y favorecer una adecuada retención de humedad, aspectos indispensables para el crecimiento del cilantro, la rúgula y la lechuga. Aunque esta intervención técnica fue realizada por adultos y no contó con la participación directa de los niños en la aplicación de abonos, sí constituyó una respuesta concreta frente a la problemática ambiental identificada.
Desde una perspectiva pedagógica y social, la transformación no se limitó al mejoramiento físico del suelo, sino que se proyectó hacia la construcción de una conciencia ambiental en la primera infancia. A través de la siembra, el riego y la observación constante del crecimiento de las plantas, los niños y niñas pudieron comprender que la tierra necesita cuidados específicos para poder nutrir y sostener la vida.
De esta manera, el proyecto integró una solución real frente a la pérdida de nutrientes del suelo y, al mismo tiempo, promovió una cultura de cuidado y responsabilidad ambiental, entendiendo que incluso en escenarios urbanos es posible recuperar y proteger la fertilidad de la tierra cuando existe una intención formativa y un compromiso con el entorno.
Acompañamiento pedagógico en el proceso de siembra
Otra solución implementada fue el acompañamiento intencionado durante la siembra y el cuidado de las plantas. A través de preguntas orientadoras, conversaciones y observación constante del crecimiento, se promovió en los niños una comprensión básica sobre la importancia del suelo fértil, el agua y la luz solar.
Si bien las acciones técnicas de recuperación del suelo fueron realizadas por los adultos, la experiencia permitió que los niños desarrollaran actitudes de respeto, responsabilidad y cuidado hacia la naturaleza, comprendiendo que el crecimiento de las plantas depende de un suelo sano.
Sensibilización sobre el cuidado de la tierra en contexto urbano
Finalmente, el proyecto aportó a la transformación social al visibilizar el valor del suelo como recurso vivo dentro de un entorno predominantemente urbano. En un sector donde predominan superficies pavimentadas y espacios reducidos para el cultivo, la huerta se convirtió en un espacio de reflexión y aprendizaje sobre la importancia de proteger y conservar la tierra.
Evaluación de mi desempeño como agente social de transformación
Al reflexionar sobre mi papel dentro del proyecto Huerta con Corazón, reconozco que mi desempeño como agente social de transformación estuvo marcado por la intención de vincular una problemática ambiental real la pérdida de nutrientes del suelo en contextos urbanos como Bogotá con experiencias pedagógicas significativas para la primera infancia. Una de mis principales fortalezas fue la capacidad de articular el contexto con la práctica educativa, permitiendo que la huerta no se limitara a una actividad aislada de siembra, sino que se convirtiera en un espacio de aprendizaje con sentido ambiental y social.
Asimismo, considero que la escucha activa frente a los intereses de los niños fue un elemento clave, ya que el proyecto partió de su curiosidad por la tierra y las plantas. Esto permitió que las experiencias fueran más auténticas y acordes con su etapa de desarrollo. También destaco la integración entre teoría y práctica, especialmente en lo relacionado con la educación ambiental y el desarrollo infantil, lo que fortaleció mi postura pedagógica y mi identidad profesional. A esto se suma el compromiso ético y la sensibilidad social frente al contexto urbano, entendiendo que educar en sostenibilidad implica reconocer las problemáticas reales del territorio.
No obstante, también identifico aspectos por mejorar. Considero necesario profundizar en estrategias técnicas relacionadas con la recuperación y mantenimiento del suelo, con el fin de fortalecer el componente ambiental del proyecto. De igual manera, sería pertinente vincular de manera más activa a las familias en procesos relacionados con la siembra y el cuidado de la huerta, ampliando así el impacto comunitario. Finalmente, reconozco la importancia de sistematizar con mayor rigurosidad la experiencia para su socialización académica, de modo que pueda convertirse en un referente para otras prácticas educativas.
En este proceso comprendí que mi rol no fue únicamente acompañar una actividad pedagógica, sino asumir una postura crítica y reflexiva frente a una problemática ambiental concreta, convirtiendo la huerta en un escenario real de transformación social desde la primera infancia.
Mi posición frente al Proyecto Social de Formación
Considero que el Proyecto Social de Formación trasciende el cumplimiento académico, pues se convierte en una experiencia que articula el saber pedagógico con la realidad social. Esta práctica fortaleció mi identidad profesional como docente en formación, reafirmando que la educación infantil es un espacio clave para sembrar conciencia ambiental y transformación social.
Desde mi perspectiva, el proyecto evidencia que la responsabilidad social no se limita a intervenir una problemática, sino a generar procesos reflexivos, sostenibles y contextualizados. La huerta se transformó en un laboratorio vivo donde teoría, práctica y compromiso social dialogaron constantemente.
En conclusión, Huerta con Corazón no solo cultivó cilantro, rúgula y lechuga; cultivó en los niños y en mí una mirada crítica, sensible y comprometida con el cuidado de la tierra en un contexto urbano como Bogotá. Esta experiencia reafirma que la transformación social comienza con pequeñas acciones pedagógicas cargadas de sentido.
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